Leyendo el post de Telemaco he recordado que a mí también me cuesta mucho seguir adelante, cuesta estar siempre empujando o tirando de uno mismo para no saber a dónde vas a llegar y ni siquiera si va a valer la pena hacerlo.
Uno se autoconvence de que sí que vale la pena, de que si no para que sirve estar aquí, pero eso no impide que cada vez cueste más, (¿serán los años?)
Al final la "razón" se impone y seguimos hacia ¿adelante?, pero la sensación de cansancio e impotencia persiste y cada vez se prolonga más en el tiempo. Te cuestionas todo y no encuentras una respuesta satisfactoria pero debes seguir adelante o como Sísifo debes seguir subiendo la piedra cada día.
Hay que encontrar ese punto que permite no cuestionarse las cosas, al menos eso te permite ser feliz o ser ignorante de tu infelicidad que quizás es lo que somos todos. Tenemos una capacidad notable para el autoengaño y eso ayuda a sobrellevar el día a día. Cansancio y más cansancio, ¿no sería mejor dejarse llevar por la corriente?.
Seguramente eso tampoco nos haría felices, buscamos lo que no tenemos, más tarde o más pronto lo hacemos, a lo mejor es que necesitamos empujar la dichosa piedra.
Otro día seguiré, debo seguir empujando por otro lado.